Con miles de votantes habilitados provenientes de países como Venezuela, Perú y Paraguay, el sufragio extranjero puede inclinar la balanza en una elección reñida. Santoro, Adorni y Lospennato miden fuerzas en un escenario incierto.
Por Héctor Costa, abogado y analista político
La Ciudad Autónoma de Buenos Aires se prepara para las elecciones del próximo 18 de mayo con un dato que podría alterar el tablero político: más de 400.000 extranjeros residentes están habilitados para votar en los comicios locales. Esta cifra, que representa un porcentaje clave del padrón porteño, no solo aumenta año tras año, sino que podría marcar un quiebre en las urnas en una elección sin favoritos claros.
Peruanos, paraguayos, venezolanos, bolivianos y colombianos —radicados legalmente en la ciudad— tendrán en sus manos la posibilidad de definir el rumbo legislativo y político de CABA. En este contexto, surge una pregunta central: ¿a quién favorecerá el voto migrante?
El candidato de Unión por la Patria, Leandro Santoro, ha sido uno de los pocos en mencionar explícitamente la importancia de integrar a la comunidad extranjera al proyecto urbano, señalando que “Buenos Aires tiene que dejar de mirar a sus vecinos como mano de obra barata y empezar a escucharlos como ciudadanos con derechos”. Su discurso inclusivo y su cercanía con sectores populares podrían encontrar eco en votantes que han sido históricamente postergados en el acceso a vivienda, salud y transporte.
En la vereda opuesta, el vocero presidencial y eventual referente libertario en la ciudad, Manuel Adorni, mantiene un tono ambiguo respecto al voto extranjero. Si bien defiende el derecho al sufragio, ha deslizado críticas a lo que llama “el uso político del migrante”, alimentando la sospecha de que parte del oficialismo teme que ese electorado rechace las políticas de ajuste impulsadas por el gobierno nacional.
Silvia Lospennato, por su parte, apuesta a una campaña enfocada en los “valores republicanos” y la “modernización institucional”, aunque con poco anclaje en las problemáticas concretas que afectan a los barrios donde vive gran parte de la población extranjera. Su estilo técnico y distante parece no conectar con los sectores migrantes, aunque podría capturar el voto de quienes priorizan la continuidad del statu quo.
El analista político Héctor Costa fue contundente: “El voto extranjero puede definir esta elección. Pero no es un voto cautivo: no responde a lealtades partidarias, sino a quién les habla con verdad y les propone una ciudad más justa. La derecha teme este escenario, porque ya no controla la calle como antes. Y eso se va a notar en las urnas”.
Con un padrón que ya no se define solo en Recoleta y Palermo, sino también en Lugano, Flores, Once y Constitución, el peso del electorado migrante pone en tensión viejas estrategias de campaña. El 18 de mayo, Buenos Aires podría sorprender a más de uno.

