La interna del peronismo bonaerense está al rojo vivo y la falta de conducción clara amenaza con romper la unidad del espacio. La discusión sobre la suspensión de las PASO se convirtió en un verdadero campo de batalla donde Axel Kicillof, La Cámpora y el Frente Renovador juegan una partida estratégica de alto riesgo.

El último intento de sesión en la Cámara de Diputados bonaerense terminó en un nuevo cuarto intermedio, dejando en evidencia las profundas grietas dentro del oficialismo. La negativa del gobernador a aceptar la simultaneidad de las elecciones con las nacionales choca de frente con la presión de Máximo Kirchner y Sergio Massa, quienes buscan imponer su agenda electoral.

“Nos ofrecieron de todo para votar, pero decidimos dejarlos que se maten entre ellos”, confesó un diputado de La Libertad Avanza, reflejando el caos en el oficialismo. Mientras tanto, en Gobernación no descartan que Kicillof avance con un decreto para fijar la fecha de los comicios, desoyendo las presiones internas.

El conflicto escaló aún más con el ultimátum de Cristina Kirchner: si no hay acuerdo, estaría dispuesta a ser candidata a diputada bonaerense, lo que podría generar una fractura total dentro de Unión por la Patria.

El desenlace de esta disputa no solo definirá la modalidad electoral en Buenos Aires, sino que también marcará el futuro del PJ bonaerense. Con la unidad pendiendo de un hilo, las pujas internas podrían derivar en un reordenamiento del poder que tendrá impacto en 2027 y más allá.

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