En la política bonaerense hay dirigentes que cambian de opinión. Y después está Diego Garciarena, que directamente parece haber cambiado de planeta político.
Hace algunos años, el hoy diputado radical hablaba con entusiasmo del Frente para la Victoria, defendía el “proyecto nacional” y pedía abiertamente la reelección de Cristina Fernández de Kirchner. “El objetivo común es que Cristina sea reelecta y que el proyecto nacional continúe gobernando la Argentina”, decía cuando integraba el espacio kirchnerista como concejal del peronismo.
Sí, el mismo Garciarena que hoy se presenta como parte del armado “anti kirchnerista”.
Porque el dirigente que supo formar parte del llamado “Radicalismo K”, que fue candidato dentro del Frente para la Victoria y que construyó políticamente de la mano del kirchnerismo, ahora asegura estar dispuesto a cerrar filas con libertarios, el PRO y cualquier sector que sirva para enfrentar al peronismo bonaerense.
“A todos los que se quieran sumar a un frente anti kirchnerista”, lanzó recientemente, sin sonrojarse demasiado ante el archivo que todavía circula.
La pirueta política no pasa desapercibida. De pedir votos para Cristina pasó a denunciar la “decadencia” de la provincia gobernada por el peronismo. De militar el modelo K a hablar de alianzas con sectores que históricamente combatieron todo aquello que él mismo defendía.
Y claro, aparece la pregunta incómoda: ¿convicción o simple supervivencia política?
Garciarena construyó buena parte de su carrera dentro de estructuras vinculadas al kirchnerismo. Fue concejal por el Frente para la Victoria, tuvo respaldo de Gabriel Mariotto y ocupó cargos legislativos durante gobiernos alineados al peronismo. Hoy, en cambio, busca posicionarse como una pieza del armado opositor provincial.
En el medio quedaron los discursos, las banderas y las definiciones que antes parecían innegociables.
La política argentina tiene memoria corta, pero internet no perdona. Y mientras Garciarena habla ahora de un gran frente “anti K”, muchos todavía recuerdan cuando él mismo pedía continuidad para el kirchnerismo con la misma pasión con la que hoy intenta enterrarlo.
Cambiar de espacio político puede ser legítimo. Lo difícil es explicar cómo alguien pasa, en pocos años, de defender un proyecto nacional y popular a sentarse cómodamente en una mesa con libertarios sin que se le mueva una ceja.

