Miles de personas se movilizaron en todo el país para conmemorar un nuevo aniversario del golpe de Estado de 1976, reafirmando el compromiso con la memoria, la verdad y la justicia. Con fuertes críticas al negacionismo y las políticas del actual gobierno, organismos de derechos humanos encabezaron el acto central en Plaza de Mayo.

Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo volvieron a ser el símbolo de la resistencia, con sus puños en alto y su mensaje intacto a lo largo de los años. «Tenemos la fuerza de la historia de nuestro pueblo, por eso no vamos a permitir que se banalice el genocidio ni que se desmantele todo lo conseguido», exclamó Taty Almeida, referente de Madres de Plaza de Mayo – Línea Fundadora. A su lado, Estela de Carlotto asentía con firmeza, recordando que su lucha sigue dando frutos: en los últimos meses, se recuperaron dos nietos, alcanzando un total de 139 restituciones.

Provocaciones desde el Gobierno

En una jornada de profunda carga simbólica, el gobierno de Javier Milei intentó instalar su propia narrativa. Difundió un video en el que el politólogo Agustín Laje insistía en la teoría de los «dos demonios», mientras que el vocero presidencial, Manuel Adorni, anunciaba la desclasificación de archivos sobre la dictadura, medida que en realidad ya había sido dispuesta en 2010. También se informó la presentación de un caso de lesa humanidad ante la CIDH por el asesinato de un militar, en un intento de equiparar los crímenes de la dictadura con hechos de violencia cometidos por organizaciones armadas.

Los organismos de derechos humanos vieron estas acciones como intentos de desviar la atención y relativizar el terrorismo de Estado. «El gobierno quiere imponer un relato falso, pero la historia no se borra», sostuvieron en el escenario montado frente a la Casa Rosada.

Una lucha que no se detiene

En la Plaza, las voces se unieron en un mismo reclamo: apertura total de archivos, justicia para los desaparecidos y garantía de identidad para los nietos y nietas que aún faltan recuperar. «La apropiación es una desaparición forzada y hasta que no se conozca la identidad verdadera, el crimen sigue vigente», advirtió Carlotto.

El desmantelamiento de políticas de derechos humanos también fue eje de la jornada. La reducción de la Secretaría de Derechos Humanos, la falta de financiamiento del Banco Nacional de Datos Genéticos y el vaciamiento de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) generan preocupación entre las Abuelas y los organismos que llevan adelante la búsqueda de los nietos robados.

Unidad en la resistencia

La marcha de este año se destacó por la unidad lograda entre distintos sectores. «Fue una convocatoria histórica, con una energía que refuerza la lucha», afirmó Osvaldo Barros, sobreviviente de la ESMA. Desde las organizaciones de derechos humanos hasta sindicatos y movimientos estudiantiles, todos confluyeron en una manifestación multitudinaria en rechazo a las políticas negacionistas y en defensa de los derechos conquistados.

La jornada concluyó con el clásico grito que resuena año tras año en cada rincón del país: «¡30.000 detenidos-desaparecidos, presentes!».

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