El Presupuesto 2026 enviado por el presidente Javier Milei al Congreso despertó preocupación en la comunidad científica. La iniciativa oficial propone eliminar artículos clave de la Ley de Financiamiento del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología —sancionada en 2021— que garantizaban un crecimiento sostenido de la inversión en el sector hasta alcanzar el 1% del PBI en 2032.
Recortes históricos y fuga de cerebros
Desde su llegada al poder, el gobierno de Milei ha aplicado fuertes recortes en las áreas de ciencia y tecnología. Según el Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación (CIICTI), la inversión en bienes de capital se redujo un 65% en los últimos dos años, mientras que los salarios de investigadores cayeron un 30% en términos reales.
La consecuencia inmediata es la precarización del sistema científico y el regreso de un fenómeno que parecía superado: la fuga de cerebros. Becarios y jóvenes investigadores buscan mejores oportunidades en el exterior o en el sector privado, ante la imposibilidad de sostenerse con estipendios que en muchos casos no cubren ni el alquiler de un departamento.
Voces desde el laboratorio
Raquel Chan, investigadora del Conicet y referente en biotecnología vegetal, advierte que “este recorte implicará que muchos investigadores busquen otros horizontes. Nos están sacando la alfombra de debajo de los pies”, señaló. Chan es responsable del desarrollo del trigo HB4, un avance clave que permite mayor tolerancia a la sequía y estabilidad en la producción de alimentos.
Aunque su laboratorio forma parte de un proyecto estratégico, reconoce que la situación es crítica: “Hace poco nos pagaron una cuota de un subsidio, con mucho retraso. Hoy a casi nadie le otorgan fondos, y nuestro instituto sobrevive con regalías y servicios a terceros. No sé cuánto tiempo más podremos sostener el equipamiento”, expresó.
Consecuencias para el desarrollo del país
Para Lino Barañao, exministro de Ciencia y Tecnología, la desinversión es preocupante no solo para el sector, sino para el futuro económico del país. “El sistema está en un proceso de destrucción. Incluso si aparecieran fondos internacionales, ya no hay personal suficiente para adjudicar proyectos ni administrarlos”, advirtió.
Barañao subraya que el conocimiento científico es una herramienta estratégica para generar empleo de calidad, diversificar la economía y aportar divisas: “Los países desarrollados invierten entre el 2% y el 6% de su PBI en investigación y desarrollo. Si Argentina retrocede, se profundiza el modelo extractivista y se pierden oportunidades de crecimiento”, afirmó.
Un sistema en riesgo
El ajuste también compromete proyectos en marcha: desde el desarrollo de terapias contra el cáncer hasta kits de diagnóstico de enfermedades, biocombustibles y alimentos fortificados. Muchas de estas iniciativas surgieron de alianzas público-privadas impulsadas desde universidades e institutos estatales.
Chan fue contundente: “Las empresas no van a financiar ciencia por sí solas. En todo el mundo, incluso en países con gobiernos de derecha, es el Estado el que garantiza el financiamiento básico. Sin recursos, los proyectos no llegan a convertirse en innovación”.
Llamado de atención
Tanto investigadores como exfuncionarios coinciden en que el panorama es crítico y que, de mantenerse la tendencia, el sistema científico argentino podría entrar en una paralización total. “La herencia va a ser muy pesada”, concluyó Chan, en referencia a las consecuencias de desfinanciar un sector clave para el desarrollo soberano del país.

